viernes, 26 de mayo de 2017

LA INQUISICIÓN TIENE LOS BRAZOS LARGOS. HISTORIA DE UN "PREGONAO" EN TOLEDO QUE ARDIÓ EN LA HOGUERA


AUTO DE FE EN TOLEDO.YENDO DE "PREGONAO" POR ZOCODOVER. UNA HISTORIA QUE ME INSPIRÓ UN CUADRO DEL GRECO 




PESADILLA EN TOLEDO ENTRE BOBOS Y BOLOS ANDA EL JUEGO 



Se nos hizo de noche y vimos al Hombre del Saco al cruzar el Tajo y allá por el puente de Alcántara se nos cruzó el Ojo Saltones, un judío que no sabe pronunciar las erres y habla de garganta. Tercera autoridad en estas mansardas. Se me vino a las mentes la mera efigie de don Opas que iba pregonando calles arriba hasta entrar en la misma plaza de Zocodover paso a la Inquisición. Me subieron en un asnillo y cabalgando cara atrás cubierto el rostro con una coroza cual reo del Santo Oficio y como los penitentes capuchones que van detrás del paso en Viernes Santo. Dos alguaciles infames y mal encarados cutían mis espaldas con golpes de rebenque. Yo maldecía mi suerte y me acordaba de la madre que me parió. Desdichada hora en la hora que nací. ¿Qué mal fice? Preguntaba yo a mis esbirros y ellos en vez de contestar descargaban más fustazos sobre mi cuerpo dolorido. Quieto ahí tú, mostagán, que ya te vamos a enseñar a comportarte, tente derecho y no retruques. Pues vaya-dije yo- pero que mal hice y al fin uno de los corchetes leyó sentencia y dijo que iba al palo por pensar por mi cuenta. ¿Es que escribir es un delito? Sí lo es. Un diacono muy alto y con cara de sátiro al que yo había visto merodear por los puticlubs de la región e iba a rumanas los sábados noche farfulló un responso en inglés. Ya no cantaban en latín sino  en inglés, la nueva mingua franca los nuevos inquisidores. No se dirigían a la Virgen tiernas plegarias. En lugar de eso invocaban a la Democracia y el nombre de Jesucristo había desaparecido de los anales para dar paso al dios del Consenso. Los obispos y hasta el Papa proclamaron que de allí en adelante sólo había que creer en el Holocausto, como única verdad, aserto e incontrovertible. Todo lo demás eran leyendas, mitos, consejas evangélicas de las que cuentan las viejas al amor del fuego.
La cosa me parecía increíble pues se me hacía duro pensar que con tanta fuerza hubiera calado en el corazón de las gentes la más recia y horrible de la apostasía pero reparé en el hecho de que estaba en la provincia del Bolo, la tierra de los grandes tornadizos y de los conversos. Habían vuelto los rabinos y estos llamaron a los ulemas y en los burdeles los malandrines y los macarras ponían a sus coimas mirando para Toledo, la Jerusalén del Oeste, la nueva Meca de los pactos y los consensos.
En la resurrección no creía ninguno y como no había vida eterna los directores espirituales aconsejaban a sus confesadas y a sus pupilos que lo único que importa es lo de acá abajo. Que se olvidaran de que eran polvo y de las palabras del cura los miércoles de ceniza. Había que hacer más caso al jueves de Comadres y vivir como si fuese todo el tiempo martes lardero. El lunes Corvillo para después. Toda nuestra vida es carnaval, chaval. Y dános y dános. A ti sí que te voy yo a dar. Lo importante es lo de acá abajo.
De lo que haya allí nada sabemos. Lo cual que lo mejor cuadra es la regla de los babilonios comamos y bebamos que mañana moriremos. Muy democráticamente por supuesto. La muerte es el gran rodillo democrático les recordaba yo a mis verdugos aquel jueves de comadres durante mi pesadilla. La víspera había sido miércoles de ceniza, la antevíspera martes lardero que sigue al lunes corvillo. Popping Eyes no dejaba de mirarme. Una pena que tuviera las manos atadas y no pudiera agarrar un morrillo y esputárselo en la calva a aquel infame el que consumó la gran felonía el que cerró las puertas de las catedrales y devolvió la llave a los nuevos invasores para que instaurasen allí sus lugares de rezo mayormente mezquitas y sinagogas cuando no logias donde organizar sus tenidas y conventículos. Traté de beberme mis furias mientras cabalgaba en aquel burro prieto que trotaba por la cuesta entre las miradas airadas de la chusma que decían cosas muy feas.
Acerté a ver entre las turbas a una señora que dicen la presidenta y se ella se dice a sí mismo Omnipresencia porque está en todos los saraos y conmemoraciones chupando cámara que tú no veas. Muy finolis y repeinada pero con una lengua como un carretero. Muevan ustedes el culo hijos de la gran puta. Tenía mucho cabreo porque quiso ser reina y no lo es hasta la fecha. Era una mujer muy deslenguada pero bien calzada de coturnos y vestida a la última porque encarga sus atuendos a Paris y es toda ella una marca pero Dios mío qué lengua tenía la señora. Ella me puso de hijoputa para arriba.
No salía de mi asombro pero un cirineo que se ofreció para aliviar mis suplicios y me tenía al burro del ramal un alma de dios un buen samaritano me dijo no se asuste su señoría ahora todas las hijas de familia hablan así hoy por hoy máxime las que otrora fueron chicas de derecha. Y mira que fueron educadas con monjas y toda su vida fueron muy de derechas pero sacaron los pies de las alforjas y juran, beben y fornican peor que zapateros. Para mi desesperanza la presidenta era la que con más vigor decía crucificadle, crucifícadle. Lo que exaltó a la multitud y llovieron sobre mi rostro toda suerte de injurias, un par de cantazos y algún que otro gargajo. Échale pan que mañana pía. 
Y no se lo tenga en cuenta vuestra merced dijo mi cirineo que también subía el hombre compungido por las pinas y estrechas callejas de la ciudad de Carlos Quinto pero en la fachada del alcázar ya no había águila bicéfala. En san Juan de los Reyes arrancaron las cadenas de las Navas de Tolosa y se las devolvieron al rey de Marruecos echando por tierra el lábaro y enseña de la unidad de los reyes católicos, el tanto monta monta tanto Isabel como Fernando, nuestro emblema de la unidad nacional.
La saña deletérea y la clastomanía irreductible de los tornadizos y pedisécuos del Ojo Saltones encontraron su paroxismo en el furor con que echaron debajo de los frontispicios de tan histórico lugar el yugo y las flechas. Se dijo de ahora en adelante ni yugos ni flechas ni leches porque no sé pa qué queremos los españoles el yugo de la labor si aquí nadie pega golpe ni flechas del poderío pues andamos nostálgicos e indefensos. Café para todos.
Se desuncieron las Españas en una amalgama de taifas, autonomías golfas y trinconas donde toda corrupción y prevaricación tuvo asiento, y de cantones y la patria es ya indefensa y sin ejército hasta tal punto que ésta se convirtió en una casa del tócame roque con sucesos tan lamentables como el de los paracaidistas ingleses de maniobras que entraban borrachos en una taberna de Cádiz o en Lanzarote y se liaban a golpes con los pobres españolitos. Los soldados de Su Graciosa Majestad apaleaban a los jueces y sodomizaban impunemente a los números de la Benemerita que iban a deternerlos sin que el gobierno de Madrid osara protestar porque los del FO eran los amos y aquí ya todos hablamos inglés, tomamos el té de las cinco y entonamos el dios salve a la reina, al menos es lo que señalan los poderes fácticos y toda esa tomiza de anglocabrones americanoides desnaturalizados que han renunciado a su historia y a su lengua como el Big Popping Eyes (Ojos Saltones). Átame esa mosca por el rabo. ¿Quien pone el cascabel al gato? Moratinos estaba demasiado ocupado con meter al turco en Europa. Hacía lo que le dijeran siempre los judíos y sus amos de Washington en este país: el contubernio con el sarraceno. Escupían contra la cruz y eso les hacía sentirse fuertes. Ojos Saltones, defensor del aborto, era de comunión diaria pero dicen que se guardaba las hostias en la bocamanga y luego las echaba a un caldero de agua hirviendo y las profanaba. La actualidad se asemejaba a una gran tenida de masones. Cundía la blasfemia y el desencanto. También don Opas era de la raza maldita y tenía el mismo mirar de los ojos salones.
Sin flechas del poderío nos convertimos en la risa de las naciones, campo de Agramante de la emigración. Llegaban en manada a nuestras costas y los españoles de bien tenían que agachar la cabeza, besar el látigo, adorar al dios del Consenso. Paciencia y resignación. Somos extranjeros en nuestro propio país. Tendremos que emigrar de nuestra patria otra vez los buenos españoles.
La avilantez de los gobernantes como el execrable embono de los Ojos Saltones que por lo visto era un socialista de padre falangista, un cacique para más señas, de apellido infame. San Homobono era el patrón de los sastres y él era un alfayate, un malabarista de la política que no daba puntada sin hilo. Nada por aquí, nada por allá. Su padre fue gobernador civil y juró los Principios del Movimiento, y tuvo un tío alcalde pero donde dije digo, digo Diego, chiquitos, y esa sí que es gorda. ¿Adonde vamos? Al desastre, según parece pero dicen que sarna con gusto no pica.
En la plaza de Zocodover estaba preparado el tabladillo o picota donde harían con mis pobres huesos lo que corresponde. Había un poste rodeado de retama, el balago de arder, estaba la yesca preparada. Iban a quemar a un cristiano recalcitrante de herejía democrática pero aunque me maten no daré nunca mi brazo a torcer y había que decirle al Ojos Saltones a sus jodíos morros que no era más que un jodío bolo.
Las gentes que se habían vuelto morbosas e insensibles a los males de su vecino, de tanta telebasura como se había comido sus ojos y roído su alma por culpa de las quintanillas y anarosas quintanas, marilós, las reinas de las mañanas y las princesas del pueblo y de ver a todas las horas al presentador de la cabeza grande y los pies planos en soporíferos programas que duraban doce horas, mientras los torticeros manijeros zurcían mentiras a todas horas y no paraban de hablar de la crisis, predicando al pueblo como si fueran ovejas modorras, metiéndoles el miedo en el cuerpo, contemplaban con deleite el espectáculo y se decían unos a otros éste va a arder bien.
El rabino de la Sinagoga del Tránsito Un sacristán del mismo templo trajo eslabón y pedernal e hizo fuego y aplicando tea y prendió la lumbre. A redoble de tambor, un pregonero proclamaba:
-Cristianos a enforzar.
-Hijoputa…Hijoputa. Eres un pregonao
Doña Esperanza para mi desespero se encontraba en el cupo de los que contra mi hicieron causa y allí estaba entre el populacho desgañitándose contra mi persona. Tampoco faltaba la Bibliotecaria de Logroño, una tal doña Planchas Planchitas y con el nombre de Carmina bautizada, mas luego hizo renuncio y recobró el de Sara, su primigenio. Ella también se metió con mi alcurnia. Aunque cambió de credo, esa señora como escritora será siempre mala. Entró en contubernios con don Arbolí, otra moneda falsa.
No me quedaba más remedio que admitir la culpa por la que se me condenaba y aceptar mi condición de caganidos. Yo no era más que un “pregonao”.
En un relámpago ardió todo mi cuerpo. Gracias a Dios pues grande era mi fe no flaquee en el tormento porque siendo de la raza ibérica y mi padre aragonés sentí pena de la multitud dirigida por aquel Anás de los ojos protuberantes sudoroso y vaporoso, tercera autoridad del Estado, que no pronuncia las erres con las sietes señas del hijoputa metido a politiquero siendo su distintivo principal la barba en parroquias y los muchos sudorosos que canta todo su cuerpo que no hay quien se le acerque cuando se sienta en su estrado presidencial en el congreso. Arrimaron fuego pero en lugar de llorar me dieron ganas de reír y contumaz igual que don Rodrigo me puse para mi último trance en el pináculo del cachondeo. Pude desligarme de las esposas que me maniataban y, libre de manos, llevándomelas a los genitales exclamé:
- Me la chupáis todos vosotros. Vosotros me la chupais en cuadrilla y al de por junto, aunque muera mártir. El que se sienta en el tribunal no es más que un judío bolo y se lo digo a sus jodidos morros.
Y, haciendo las señas del macho cabrío expiré, mártir de la causa. Estoy seguro de que mi nombre enseguida ingresó en la nómina de los santos y mi alma voló derechita al cielo después de haber dado testimonio de Cristo y amado a mi patria desde aquella hoguera de la plaza de Zocodover gobernada por aquel sanedrín toledano encabezado por un felón de los Ojos Saltones como gran sacerdote. Subí a la gloria chutándomela con todos mis enemigos sobre la planta de mis pies. Había ollado la cabeza del dragón en Zocodover. Fue de esta manera gloriosa y terne en mis convicciones como hice la jera precisamente el día que comenzaba la Cuaresma y las ciudades celebraban el entierro de la sardina

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martes, 16 de mayo de 2017

El Valle de los Caídos

El Valle de los Caídos y la reconciliación/ PNV pronazi

 (Con ruego de máxima difusión)

El Valle de los Caídos conmemora en primer lugar la victoria del bando nacional en la guerra civil. Aunque lo haya ocultado una historiografía y propaganda falsarias, y a menudo simplemente estúpida, lo que significó esa victoria está muy claro: vencieron los que defendían estas cosas: la continuidad de la nación española, el cristianismo como raíz esencial de la cultura hispana (y europea), la familia tradicional, la libertad personal y  la propiedad privada, entre otros puntos esenciales.

   Los vencidos negaban valor o incluso  realidad histórica a la nación española, y varios de ellos querían simplemente a disgregarla en varios miniestados. Coincidían en el odio a la cultura cristiana, manifiesto desde el comienzo mismo de la república en oleadas de terrorismo, con quema de iglesias, bibliotecas y escuelas, hasta resolverse, en plena guerra civil, en un genocidio, añadiendo a lo anterior la matanza sistemática del clero y de miles de católicos devotos. No todos, pero sí los principales partidos de los vencidos, trataban de destruir la familia que calificaban de burguesa o cristiana,  de sustituir la propiedad privada por la de un estado totalitario, aboliendo también la libertad personal. Todo ello no lo perseguían por simple maldad: pensaban o querían pensar que de aquel modo el ser humano alcanzaría un grado superior de riqueza, de libertad y de  emancipación de males ancestrales. En realidad sus ideologías constituían religiones sucedáneas, como he analizado en mi introducción a la historia de Europa. Y como cada uno de esos partidos pensaba emancipar al hombre a su manera y bajo su poder, en plena guerra civil desataron otras guerras menores entre ellos mismos.

    Dos palabras acerca de la libertad personal: el franquismo, se arguye, destruyó la libertad. Se refieren a la libertad política como si fuera la única forma de libertad humana. Como señaló Julián Marías, en el franquismo permaneció otra libertad, que llama personal, y que Solzhenitsin  explicó en unos comentarios célebres. En España la gente podía viajar libremente, dentro y fuera del país, podía comprar prensa extranjera, leer libros con gran variedad de orientaciones, establecer negocios., las huelgas se resolvían con castigos menores o con subidas de sueldo. Y un largo etcétera. Nada de esto ocurría en la URSS, régimen modelo para los principales partidos vencidos, donde las mismas huelgas eran aplastadas a tiros.  El franquismo no fue totalitario sino solo autoritario, mantuvo las fronteras abiertas y un estado eficaz pero muy pequeño. Un aspecto del totalitarismo es la expansión del estado hasta ocupar toda la sociedad, y hoy día nos acercamos mucho más a tal situación que en el franquismo, con un estado seis veces más grande y mucho más costoso que entonces. En el franquismo las libertades políticas estaban restringidas, sobre todo para comunistas, separatistas y terroristas, pero no anuladas. Había, por ejemplo, editoriales dedicadas a publicar libros marxistas. En fin, estas cosas deben ser dichas.

    Un segundo mito es el del franquismo como régimen de un solo partido. En realidad el bando nacional estaba integrado por cuatro partidos: la Falange, el carlismo, los católicos políticos y los monárquicos juanistas; aparte de los simplemente afectos a Franco, que predominaban en el ejército. Esos partidos se llamaban “familias”, porque el nombre de "partidos" no gustaba, dada la experiencia republicana. Cada uno disponía de sus propios órganos de expresión y organizaciones diversas, y solo el talento político de Franco consiguió evitar choques graves entre ellos. Teóricamente estaban todos unidos en el Movimiento Nacional, pero este era básicamente falangista, con dotación económica y posibilidades de acción muy limitados. Por esa razón el régimen se declaró católico, ya que el catolicismo era el elemento común a todas sus “familias”. Esto, sin embargo resultó un tremendo error en la época actual, como se vio cuando el concilio Vaticano II vació ideológicamente al régimen. Este es otro tema sobre el que se ha dicho poco y en general falso, y que por ello exige investigación y reflexión, que inicié en Los mitos del franquismo.

    Hay otro mito a eliminar y es el de la reconciliación. Leemos de gente en apariencia aguda e informada, que el Partido Comunista fue el primero en promover una política de reconciliación nacional. La táctica evidente de dicho partido era que la sociedad se reconciliase con él, olvidando sus crímenes y sus objetivos, para aplastar de una vez a quienes le habían vencido. No otra cosa era su reconciliación, como he mostrado en el libro citado sobre los mitos del franquismo. Es decir, una trampa para incautos.  La reconciliación estaba lograda ya en los años 40, y el intento comunista de volver a la guerra civil mediante el maquis fue derrotado ante todo por esa realidad. Derrota que obligó al PCE a "reconciliarse".

    Todo esto es lo que conmemora el Valle de los Caídos: la victoria y la reconciliación, manifiesta en el enterramiento de miles de combatientes del Frente Popular. Porque no es posible reconciliarse sobre la base de la negación o disgregación de España, sobre la abolición de sus raíces cristianas, de la libertad personal o de la propiedad privada. Se dice que la reconciliación se logró gracias a la transición democrática, pero la verdad es la inversa: gracias a la reconciliación previa, la transición no fue un fracaso rotundo desde el principio. Porque quienes se reconciliaron al morir Franco  fueron los políticos, muchos de ellos con las mismas ideas que habían arruinado la república y causado la guerra. Afortunadamente estos disponían entonces de poca fuerza y seguidores. Pero el frívolo abandono de las ideas por la convencionalmente llamada derecha, les permitió embaucar a muchos con  sus apolilladas propagandas, y así las fuerzas que ocasionaron la pesadilla de los años 30 han vuelto a  cobrar influencia, a resucitar viejos odios, fanatismos y presiones totalitarias (ley de memoria histórica, por ejemplo). Y el abandono de las ideas y de la defensa de la verdad histórica empujó a aquella derecha salida del franquismo a asumir la falsedad y a convertirse en comparsa de los vencidos, es decir, de los que  se identifican con las causas de los vencidos. Una identificación demencial y delictiva. La estupidez y la canallería, que decía Marañón, que ha terminado en una democracia fallida.

   Es natural que quienes propalan hoy el “Himalaya de falsedades” (Besteiro) sobre el Frente Popular ataquen al Valle de los Caídos por todos los flancos, y siempre con mentiras. Unos proponen dinamitarlo, o convertirlo en un parque temático del embuste masivo. O exhumar a Franco como medida inicial, arguyendo la estupidez de que no fue un caído en la guerra. El Valle conmemora la única reconciliación posible sobre la base de una victoria lograda en gran medida gracias al propio Franco; victoria que no solo fue suya, sino de una generación que supo, además, esquivar la guerra mundial, reconstruir el país con sus propias fuerzas, sin las deudas morales, políticas  y materiales que pesan sobre el resto de Europa occidental. Una generación que desafió y venció un aislamiento criminal y dejó un país próspero y  olvidado de aquellos viejos odios que tanto añoran los antifranquistas de después de Franco.

   Por todo ello la sepultura de Franco en el Valle de los Caídos es obligada y necesaria. La decisión de Juan Carlos de enterrarlo allí no podía ser más justa. Franco no es un simple particular. Es, entre otras muchas cosas, el principal artífice de la paz más larga que haya vivido España en siglos, y que continúa, aunque cada vez más precaria por obra de los corruptos fabricantes de fobias y rencores. Su tumba está donde debe estar y el intento de exhumarlo ya define a unas mentes enfermas de guerracivilismo.

    Un punto más: como ha reconocido el por lo común falsario Paul Preston, el Valle de los Caídos "es una maravilla". Añadamos: una de las grandes maravillas del siglo XX en cualquier lugar del mundo,  el monumento nacional, religioso y funerario más logrado artísticamente. Preston, en ese sentido resulta bastante más civilizado que nuestra talibanesca y delincuentes clase política, pues, recordémoslo, una de las especialidades del Frente Popular fue la destrucción o saqueo de innúmeras obras de arte, tradición a la que no piensan renunciar. Solo que Preston no podía dejar de adjuntar la mentira obligada: que fue construido por presos políticos  "republicanos" utilizados como mano de obra esclava. La estupidez y la canallería. Una vez más.  

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Copiado de twitter:
El siguiente comunicado fue publicado por el Euskadi Buru Batzar tras la caída de Francia en manos Alemanas:
Por las relaciones que unen a Alemania y España creen los vascos que en general el triunfo de Alemania sería la consolidación del Régimen actual y por lo tanto de la desastrosa situación en que se encuentra en estos momentos el País Vasco.
Nosotros no compartimos esa opinión, porque creemos en el talento político del Führer, en su sagacidad, en su alto espíritu de comprensión esperamos que en el nuevo orden a establecer en Europa y particularmente en España, el problema vasco será tenido en cuenta:
1-Porque a Alemania le interesa la pacificación de España y no puede escapar a su recto sentido que no hay pacificación posible sin una solución favorable a los vascos.
2-Porque el problema vasco está íntimamente ligado al problema racial alemán y por lo tanto, es lógico y natural esperar que el Führer lo acoja y lo resuelva con la mayor simpatía.
3-Porque nos damos perfecta cuenta de que las simpatías de Alemania en España están en decadencia, y por lo tanto es de extrema importancia para el Führer recoger y captar nuevas simpatías si no quiere perder toda su influencia en España.
En el diario de Aguirre, hoy en la Biblioteca del Congreso de EEUU se lee: «Hago el viaje con tres oficiales alemanes que venían de París. Amables y correctos. Llego a Colonia después de pasar la frontera a las dos y media. Tomo de milagro el tren a Hamburgo y dejo olvidada mi gabardina con la precipitación. En la frontera, concesión y facilidad. Viajo hasta Hamburgo con un simpático oficial de la Marina condecorado con las cruces de guerra. Sabe francés y me viene muy bien de intérprete. Llego a Hamburgo a las nueve cincuenta».
¿Qué piensa el lehendakari de los nazis? Leamos lo que escribe él mismo:
27 de marzo de 1941. He comido solo. Después, casi instintivamente, he dirigido mi paseo hacia las avenidas que van a parar a Unter den Linden [el lugar habitual de las grandes manifestaciones nazis] por si veía algo. Y, en efecto, poco tiempo después de cruzar por el monumento de la victoria he visto pasar al ministro de Exteriores japonés Oosuke] Matsuoka, precedido y seguido de gran acompañamiento. Iba con él el general [Hiroshi] Oshima. He llegado hasta la chancillería donde un numeroso público esperaba la salida de Hitler y el ministro japonés después de su entrevista. Ha durado dos horas y media. He esperado, firme en pie, con intenso frío, el momento.
Salen al fin Hitler, Joachim van] Ribbentrop y Oshima. Yo estaba a 50 metros. Tenía en mi mano unas banderolas nazis y japonesas que nos han repartido «gentilmente» unos miembros de las SS. He disfrutado mucho [sic].
30 de marzo de 1941. Hoy me he quedado sin misa. He pasado una noche extraña -con sueños- cosa que no es corriente en mí. Total, que entre la noche desvelada y el sueño tardío se me pasó la hora de la misa. He ido a la iglesia por la tarde. Dios me habrá perdonado esta involuntaria infracción del precepto. Envidio a los que se despiertan cuando quieren. Yo no puedo, duermo demasiado bien.
8 de abril de 1941Sigo leyendo a Unamuno y termino la obra de Antonio Ferro sobre [António de Oliveira] Salazar, el dictador portugués. Interesante figura [sic] la de Salazar que siempre me ha atraído por su honestidad y recio carácter. Se podrá no compartir sus ideas pero se comprende bien que ciertos procedimientos de Gobierno sean necesarios (sic) en algunos países tumultuarios. (…) De Salazar he oído hablar bien, hasta a sus propios adversarios. Es un mérito.
11 de abril de 1941. Hoy es viernes santo. He leído y meditado el Evangelio de san Lucas y los libros del Éxodo y el Levítico. (…) He procurado guardar el ayuno dentro de la limitación de las circunstancias. He paseado por la tarde llegando hasta la capilla donde oyen misa los elementos de la embajada española y las «mu*jeres» de las embajadas y legaciones de América.
19 de abril de 1941Durante la mañana leo el Libro I de los Reyes. Termino también el libro "El Fascismo", de [Pietro] Gorgolini. En resumen, flojo a pesar de que el prólogo de Mussolini diga que es lo mejor escrito hasta 1921. Después han sido publicados mejores trabajos, aun cuando la conducta merezca los calificativos más duros.
20 de abril de 1941. Santo de Aintzarne [su hija mayor]. ¡Cuánto me acuerdo! Aquí festejan el santo de Hitler.
De esta manera tan gráfica relata el lehendakari vasco, José Antonio Aguirre, su entrada en Alemania, el corazón del imperio nazi.
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FUENTE:
http://gaceta.es/pio-moa/valle-los-caidos-reconciliacion-pnv-pronazi-16052017-1347

lunes, 8 de mayo de 2017

Lección “republicana” de Memoria histórica

Lección “republicana” de Memoria histórica

Una esquela que hace pensar
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Lo explica Francisco José Fernández de la Cigoña en su popular blog “La cigüeña de la torre“:
“Apareció en el número del 1 de mayo.
Y dice así:
LXXX Aniversario de
El Señor
Don Fabriciano Posada Codón
Maestro de la República
Inspector de Primera Enseñanza de la Provincia de Oviedo
Falleció en Cangas del Narcea (Asturias)
En mayo de 1937
Víctima del desgobierno y del odio frtricida, natural de Arrabalde (Zamora), estudiante en el seminario de Astorga. Maestro en Alija (León), y activo militante del sindicato FETE-UGT.
D.E.P.
Tu esposa y también maestra doña María Alonso Zorita, y tus hijos María-Jesús, Fabriciano, Caridad-Rosa y Esperanza, que murieron con la herida de tu temprana desaparición sin fecha ni lugar concretos para poder honrarte nunca te olvidaron; y tus nietos, que hemos vivido en una España en paz y además en convivencia democrática, igualmente te recordamos y
Rogamos una oración por tu alma.
El texto es sorprendente. Por poco habitual en las esquelas.
No es difícil  colegir que su esposa, y también maestra, se casaría como muy tarde en 1930  por lo que hoy es seguro que fallecida pues tendría más de cien años. Parece que también han muerto ya sus cuatro hijos. La más joven, si hubiera nacida en 1936, tendría ya 91 años.
Parece que tampoco es aventurado afirmar que el maestro fue asesinado o ejecutado, ambas cosas son posibles, por los nacionales. En mayo de 1937 Oviedo ya había sido liberada y el resto de Asturias estaba a punto de caer. Aunque también los otros asesinaron a algunos de los suyos.
Lo que me parece muy digno de reseñar es la actitud de sus nietos. Dignísima. Sin nada que ver con la sectaria memoria histórica aunque sí con la memoria entrañable de su abuelo. Un auténtico ejemplo de lo que deberíamos vivir hoy. Recuerdo y olvido. A mí un abuelo lo asesinaron los rojos y un tío mío murió en combate en el frente de Asturias. Un tío abuelo de mi mujer y un hijo suyo, apenas superada la adolescencia, fueron asesinados por los nacionales. Es posible que el padre tuviera responsabilidades, el hijo, ninguna. Y eso se ha dado en muchas familias españolas. Mi abuelo materno fue asesinado por los rojos y un primo carnal suyo por los nacionales. Esa es nuestra historia. Penosa pero real. Intentar revivirla hoy me parece absurdo y miserable. Han pasado setenta años. Sólo quedamos nietos. Y algunos ya muy mayores.
Los de éste, que además se llamaba Fabriciano como mi padre, han dado un testimonio a la vez de afecto y de cordura. Y de religión. Piden una oración por su alma. La mía ya la han tenido. Que los lectores que quieran le encomienden también.”
Mi querida y digna España
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FUENTE:
https://infovaticana.com/blogs/cigona/una-esquela-abc-me-llamo-la-atencion/

https://miqueridaespana.wordpress.com/2017/05/06/leccion-republicana-de-memoria-historica/



lunes, 17 de abril de 2017

MAURICIO KARL (1896-1982)

Mauricio Carlavilla

Mauricio Carlavilla (Valparaíso de Arriba, 1896-Madrid, 1982), también conocido por el seudónimo Mauricio Karl,1 fue un policía, escritor y editor español, de pensamiento anticomunistaantimasón y antisemita. Publicó más de una docena de obras sobre el comunismo y masonería.

Biografía[editar]

Nació en la localidad conquense de Valparaíso de Arriba2 el 13 de febrero de 1896.2 3
Es conocido como «Mauricio Karl», un pseudónimo,4 5 ya que su verdadero nombre habría sido «Julián Carlavilla del Barrio»6 o «Julián Mauricio Carlavilla del Barrio».2Considerado «uno de los más activos propagandistas antisemitas desde la etapa republicana»,7 mantuvo amistad con el también escritor Eduardo Comín Colomer,8 el comisario Santiago Martín Báguenas, y el general Emilio Mola.9
Carlavilla sostenía la tesis de que la masonería fue responsable de la pérdida de las colonias españolas,6 además de afirmar que Primo de Rivera había sido envenenado por un masón judío.2 Carlavilla ejerció la profesión de policía,5 ingresando en el Cuerpo de Vigilancia en 1921; sería expulsado en 1935 por «faltas graves».2 10 Después de esta expulsión estuvo involucrado junto a Santiago Martín Báguenas en un plan para asesinar a Manuel Azaña,a según Paul Preston2 y Gonzalo Álvarez Chillida.10 Relacionado con Unión Militar Española, Carlavilla habría proporcionado al jefe de esta —el capitán Bartolomé Barba— listas de liberales a los que eliminar.12
Tras esta intentona huyó a Portugal, para posteriormente volver a España poco después del estallido de la Guerra Civil, instalándose en la zona sublevada.13 A partir de 1936 la influencia de sus obras creció considerablemente.14 Se integró en la Policía franquista —posteriormente, dentro del Cuerpo General de Policía—, donde se convirtió en uno de los máximos «expertos» sobre la conspiración judeo-masónica.13 El escritor antisemita Juan Tusquets definiría a Carlavilla como un «nazi apasionado».15 Tras el final de la contienda fue puesto al frente de una Brigada Especialb de la Dirección General de Seguridad cuya misión era controlar a los judíos residentes en España.7
Autor de El comunismo en España,2 9 sus trabajos se encuadran en la antimasonería y el anticomunismo.4 Escribió, entre otras obras, una biografía de Gueorgui Malenkov, así como editor de Sinfonía en rojo mayor, obra original de José Landowsky,16 17 sobre el interrogatorio a Christian Rakovski durante la Gran Purga, en 1938. En 1956 escribió Sodomitas,16 18 un estudio sobre la homosexualidad, obra que ha sido considerada «una de las peores» en esta temática de las aparecidas en España, pero que sin embargo llegaría a una 12.ª edición en 1973.18 Fue fundador de la Editorial Nos,19 en la que aparecieron publicados buena parte de sus escritos, así como colaborador de la revista Juanpérez.20
Falleció en Madrid el 24 de junio de 1982.21

Obra[editar]

  • El comunismo en España, 1932.2
  • El enemigo, marxismo, anarquismo, masonería, 1934.2
  • Asesinos de España: marxismo, anarquismo, masonería, 1937.2
  • Técnica del Komintern en España, La Alianza, 1937.10
  • Guerra, sobre lo que sabe el FBI y la inteligencia militar americana sobre cuándo estallará, Editorial Nos, 1953.17
  • Pearl Harbour, traición de Roosevelt, Editorial Nos, 1954.
  • Malenkov. Biografía política y psicosexual, Editorial Nos, 1954.
  • Moscú, hoy, Editorial A.H.R, 1955.22
  • El rey. Radiografía del reinado de Alfonso XIII, Editorial Nos, 1956.
  • Sodomitas, Editorial Nos, 1956.18 23
  • Kruschev, con David Rosenberg, Editorial Nos, 1958.24
  • Anti-España 1959: autores, cómplices y encubridores del comunismo, Editorial Nos, 1959.
  • Borbones masones, Acervo, 1967.4
Ediciones
  • Yo escogí la esclavitud, Ediciones Maracay, 1953.c
  • Yo y Moscú, Editorial Nos, 1955.d
  • Masonería española, Editorial Nos, 1956.e
  • Correspondencia secreta, Editorial Nos, 1961.f

Notas[editar]

  1. Volver arriba En el periódico ABC, número del 3 de mayo de 1936, antes del golpe de Estado de julio de 1936, aparece un detallado artículo sobre estos sucesos.11
  2. Volver arriba La creación de esta brigada había sido una petición expresa del jerarca nazi Heinrich Himmler.7
  3. Volver arriba Autobiografía de Valentín González, con prólogo de Carlavilla, titulada originalmente Vida y muerte en la U.R.S.S.. Ha sido considerada un caso de «piratería editorial».25
  4. Volver arriba Textos de Indalecio Prieto, comentados por Carlavilla.26
  5. Volver arriba De Miguel Morayta Sagrario, comentado por Carlavilla, literalmente «ampliaciones y refutaciones de Mauricio Carlavilla».
  6. Volver arriba De Francisco Largo Caballero, prólogo y notas de Carlavilla.27

FUENTE:
https://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio_Carlavilla
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Julián Mauricio Carlavilla del Barrio
 
1896-1982
 «Mauricio Karl», desde 1932
Julián Carlavilla del Barrio, en 1940, en su ficha policial como agente de primera clasePolicía, ideólogo, «escritor político» y editor español que alcanzó gran notoriedad e influencia a partir de 1932 tras publicar, utilizando el pseudónimo Mauricio Karl, El comunismo en España, libro en el que se describe, con información de primera mano, el estado de la penetración soviética en España. Dos años después, en su segundo libro, Mauricio Karl expuso los planes que «el enemigo» –marxismo, anarquismo y masonería– estaría aplicando en España. El curso biográfico y la personalidad de Carlavilla ha permanecido prácticamente ignorado, y hasta 2004 ni siquiera se había publicado la fecha de su nacimiento, difundida entonces por el librero Eduardo Connolly de Pernas en su estudio pionero, publicado en la revista de bibliofilia Hibris«Mauricio Carlavilla: el encanto de la conspiración». Por supuesto, como era de esperar, su nombre no figura (diciembre de 2011) en la Base de datos del Centro de Estudios Biográficos de la Real Academia de la Historia de España. De hecho, hasta la publicación de esta misma página que le dedica el Averiguador del PFE (diciembre 2011), no existía en internet ninguna fotografía suya (las dos que aquí se ofrecen nos han sido facilitadas, con gran amabilidad, precisamente por Eduardo Connolly, quien a su vez las obtuvo del entorno del hispanista británico Paul Preston).
Julián Mauricio Carlavilla de Barrio nació el 13 de febrero de 1896, posiblemente en Cuenca (según Eduardo Connolly). El 9 de julio de 1921 ingresó en el Cuerpo General de Policía. Poco sabemos de sus años mozos, salvo lo que él mismo dejó escrito en 1959:
«Yo, antimarxista y antirrevolucionario desde hace treinta y tres años, guardé ovejas de niño, segué, cogí aceituna, no pude sufragarme con mi propio trabajo más que las matrículas de maestro elemental y fui soldado de segunda tres años en África por no poder pagar cuota ni sustituto… y si llegué a ser policía, fue por no costarme más que 150 pesetas y cuarenta y cinco días de estudio…» (Mauricio Carlavilla, Anti-España 1959, Nos, Madrid 1959, pág. 347.)
El policía Julián Carlavilla del Barrio
Durante sus primeros diez años como policía Julián Carlavilla no utilizaba su segundo nombre. Por eso el pseudónimo que comenzó a utilizar en 1932, compuesto por ese nombre y el inicio de su apellido escrito con K, como el nombre de Marx en alemán, pudo mantenerle en la discreción casi cuatro años, hasta que en 1935 se desveló la identidad de Mauricio Karl, entonces ya bien famoso en todo España, y el policía, expulsado del cuerpo y a disposición de un enemigo que le tenía ganas, tuvo que buscar la seguridad del exilio. Después de la guerra fue abandonando el Julián, y sus libros comienzan a ser firmados por Mauricio Carlavilla, a veces haciendo figurar al lado el famoso y comercial pseudónimo.
Sólo encontramos unas pocas menciones en la prensa del policía Julián Carlavilla antes del nacimiento del escritor Mauricio Karl, siempre con ocasión de haberse resuelto airosamente alguna operación: en 1928, como agente afecto a la sección volante de la división de ferrocarriles, al desmontarse una banda de ladrones de alhajas; a comienzos del año siguiente, desde la misma brigada volante de ferrocarriles, al desarticularse una red clandestina que facilitaba la huída a América de prófugos, desertores y otros delincuentes.
«Un buen servicio. Descubrimiento de los autores de un robo. Son detenidos y se recupera parte de lo robado. Por la División de Ferrocarriles, que manda el comisario D. Ricardo Castro Peinó, ha sido practicado un excelente servicio. Cumpliendo instrucciones del señor Castro, los inspectores D. Juan del Arco Cubas y D. Luis Villanova Rueda y agentes afectos a la Sección Volante de la referida División D. Eugenio Benito Poveda, don Francisco Horacio Iglesias, D. Vicente Gómez Castro, D. Rafael Castro del Amo, D. Francisco Sánchez Real y D. Julián Carlavilla del Barrio realizaron pesquisas para averiguar quiénes fueron los autores de un robo de casullas, vestiduras y ornamentos religiosos por valor de varios miles de pesetas, cometido en el domicilio de D. Florentino Pombo y Pombo, calle de Sagasta, número 23.» (El Imparcial, Madrid, martes 9 de octubre de 1928, pág. 17.)
«Servicio policiaco. ¿De dónde proceden las alhajas? Nos ha sido facilitada una nota en la que se dice que habiendo llegado a conocimiento del comisario jefe de la división de Ferrocarriles, D. Ricardo Castro, que varios individuos conceptuados como estafadores se dedicaban a vender y pignorar gran cantidad de alhajas, en cumplimiento de órdenes del director general de Seguridad, dio instrucciones a los agentes de la sección volante de dicha división, Sres. Más, Carlavilla, Benito Poveda y Horacio Iglesias para que siguieran de cerca a los indicados estafadores.» (La Libertad, Madrid, miércoles 10 de octubre de 1928, pág. 4.)
«Los amigos de lo ajeno. ¡Gran colección de alhajas! El muchacho se iba a establecer. El comisario jefe de la División de Ferrocarriles, D. Ricardo Castro, enterado de que varios individuos conceptuados como estafadores se dedicaban a vender y pignorar gran cantidad de alhajas, dio instrucciones a los agentes de la Sección volante de dicha División señores Mas, Carlavilla, Poveda e Iglesias para que siguieran de cerca a los indicados sujetos.» (La Voz, Madrid, miércoles 10 de octubre de 1928, pág. 3.)
«Una agencia de embarques clandestinos. Facilitaba la huída a América de prófugos, desertores y otros delincuentes. Nota oficiosa de la Dirección de Seguridad. En la Dirección de Seguridad se ha facilitado la siguiente nota oficiosa: Atento el director general de Seguridad a las frecuentes fugas y evasiones que individuos reclamados por la Justicia y Tribunales españoles realizaban en diferentes puertos del litoral cantábrico, singularmente en Vigo, Coruña y Gijón, encomendó al comisario jefe de la división de Ferrocarriles, don Ricardo Castro Peinó, que realizara las investigaciones necesarias para la práctica de este importantísimo servicio, cortando de raíz los embarques clandestinos de prófugos, desertores y gente de este linaje acostumbrada a fugarse con destino a los Estados Unidos de América del Norte y del Sur, sin pagar las cuentas atrasadas con la Justicia y eludiendo las más de las veces la acción de los Tribunales, que reclamaban de un modo estéril la comparecencia ante, ellos de homicidas, asesinos y estafadores. Encargado del servicio el inspector de la brigada volante de Ferrocarriles, don Juan Alfaro Berges, y los ayudantes don Julián Carlavilla, don Francisco Horacio Iglesias, don Daniel Murga, don José Cordero y don Francisco Mas se pusieron a las órdenes del ilustrísimo señor juez de Instrucción de Villaviciosa de Asturias, que instruía un sumario por falsedad de documentos de embarque, y tras una laboriosa y ardua labor, han logrado detener a un número considerable de agentes falsificadores dedicados a este lucrativo negocio, interviniendo documentos, sellos y otros varios efectos de los que empleaban para embarcar a toda clase de individuos con destino a los puertos de América.» (La Época, Madrid, jueves 31 de enero de 1929, pág. 2.)
«Los embarcos clandestinos. La policía detiene a numerosos agentes falsificadores en Galicia y Asturias. En la Dirección General de Seguridad facilitaron hoy la siguiente información: ‘[...] Encargado del Servicio el inspector de la brigada volante de Ferrocarriles, D. Juan Alfaro Berges y los agentes D. Julián Carlavilla, D. Francisco Horacio Iglesias, D. Daniel Murga, D. José Cordero y D. Francisco Mas, se pusieron a las órdenes del ilustrísimo señor juez de Instrucción de Villaviciosa de Asturias...’» (La Voz, Madrid, jueves 31 de enero de 1929, pág. 4.)
Los mismos ejemplares de esos periódicos de 31 de enero de 1929 que dan noticia de la desarticulación de la trama de falsificadores de documentos y mencionan a Julián Carlavilla entre los ayundantes del inspector de la brigada volante Juan Alfaro Berges, informan en primera página de la detención en Valencia del ex presidente del consejo de ministros José Sánchez Guerra (1859-1935), quien dos días antes había desembarcado junto con su hijo Rafael del vapor Ousala, con nombre supuesto y procedente de su exilio francés, para ponerse al frente de una rebelión militar contra la dictadura de Primo de Rivera que se inició en Ciudad Real y resultó un absoluto fracaso. Carlavilla formó entre los policías que investigaron las circunstancias de la intentona, y sus averiguaciones habían de ser determinantes para su propio curso biográfico, según dejó escrito treinta años después:
«Mi auscultación, si no está equivocada, me ha llevado a la siguiente convicción: en los españoles, salvo muy escasas excepciones, ha desaparecido de su horizonte mental y de conciencia toda idea del peligro comunista. Ni siquiera hipotéticamente o imaginativamente son capaces hoy de forjarse una idea o imagen del triunfo del Comunismo en España. Esto, explicable o no, es así a los veinte años justos de haber padecido nuestra Patria el dominio y el terror del Comunismo, dueño del Poder y del Gobierno de la nación española. Yo no me enfrento por primera vez con ese mismo estado de razón y conciencia español. Lo hallé frente a mí cual muro de incomprensión inatacable desde las rebeliones de Ciudad Real y Valencia de enero de 1929. Personalmente, intervine bastante a fondo en la investigación de aquel frustrado intento revolucionario: hasta donde mis medios personales me permitieron y hasta donde las 'Superioridades' me dejaron... ¿Qué fue aquello para mí?... En dos palabras lo puedo decir: el relámpago primero de la tempestad, invisible aún, del asesinato masónico-comunista de España. Con juicio frívolo se me podrá decir que sólo muy a posteriori puedo afirmar tal cosa, porque nadie sería capaz, dada la levedad e intrascendencia de lo acaecido en Valencia y Ciudad Real, de poder deducir, sin ser profeta, su relación ni remota siquiera con la toma del Poder por el Comunismo en España durante 1936. Responderé brevemente. Lo visto por mí a través de la investigación tras la pantalla de personas y anécdotas del acontecimiento fue tan sólo esto, como veremos, totalmente intrascente: El Jefe del Partido Conservador, sin oposición anterior ni desautorización ulterior, previa y voluntaria expatriación, se presenta en Valencia cierta noche con todos los requisitos de un revolucionario profesional, y rodeado de masones, republicanos y anarquistas intenta sublevar a un Regimiento de Artillería, cuya oficialidad está comprometida, para decidir al Capitán General a una valencianada, técnicamente, como la saguntada. Es el hecho histórico en su esencia y síntesis. Para mí, su significación y trascendencia era esta: 1º El Partido Conservador, con su jefe, Sánchez Guerra, en cabeza y en acción, iniciaba la Revolución. El Partido que había hecho la Restauración; el Partido garantía del Orden; el Partido de la Monarquía, de la Aristocracia y el Dinero; el Partido de la Disciplina militar, escindiendo al Ejército, con su Arma la más aristocrática en cabeza, Artillería, capitaneaba la sedición; el Partido 'protector' de la Iglesia, de la Monarquía, de las Fuerzas Armadas, de la moral y de la propiedad contra el Ateísmo, la República y la Anarquía, se aliaban con la Masonería, con la República y con la Anarquía contra un Gobierno militar que desde hacía seis años había parado en seco la Revolución que amenazaba Religión, Monarquía y Propiedad, evitando que la reacción, provocada por la traición de Anual y aprovechada por los revolucionarios, acabase con la Monarquía, trajese la República y, con ésta, el caos anárquico... En dos palabras: el Partido Conservador, última reserva política contra la Revolución, se hacía de repente también Anti-España. [...] Pues bien, lector; en mi personal investigación, además de comprobar tras lo de Sánchez Guerra –tal era su nombre simplista– la existencia de la Finanza nacional e internacional, de la Masonería y del Comunismo Libertario, también descubrí que a Primo de Rivera le faltaba, o ya le flaqueaba, la confianza del Monarca. [...]
Muy poderosas razones patrióticas debía yo tener el año 1929, inmediatamente después de lo de Sánchez Guerra, para introducirme en la conspiración, dándome arte y maña para lograr la más absoluta confianza del mando revolucionario. Esto lo hice por propia iniciativa, sin dar conocimiento a la Dirección de Seguridad, por seguridad mía, dada la comprobada flaqueza de la Superioridad policial, reflejo del estado de ánimo del Monarca. Correr el riesgo por partida doble, por parte de aquellos a quienes defendía y por parte de los conspiradores, concédaseme, debía imponerlo muy alto imperativo; cuyo imperativo no podía ser otro que tratar por todos los medios de evitarle a mi Patria la catástrofe que yo preveía, sin detenerme el saber que, a la vez, salvaba con mi personal riesgo la vida física y la Corona del Rey, decidido cada vez más, por propio error y sugestiones ajenas, a perder Corona y vida. Tan sólo cuando llegó Mola estimé no correr ningún riesgo por parte de la 'Superioridad' policial, y le hice conocer mi acción catalizadora insertado en el círculo más exaltado de los revolucionarios. Acaso algún lector pueda dudar y, desde luego, han de negarlo mis adversarios. Pero hay constancia oficial. Yo lo he declarado y firmado en el expediente incoado por el gobierno masónico-cedista (Portela-Gil Robles) para expulsarme de la Policía en 1935, como se me expulsó, por el delito de ser Mauricio Karl.» (Mauricio Carlavilla, Anti-España 1959, Nos, Madrid 1959, págs. 432-434.)
Un año después de lo de Sánchez Guerra cayó el gobierno del general Miguel Primo de Rivera y una de las primeras decisiones del nuevo presidente del consejo de ministros, general Dámaso Berenguer, fue nombrar Director General de Seguridad al general Emilio Mola, destinado hasta entonces en Larache, y que el día 12 de febrero de 1930 ya sustituyó en ese importante puesto al general Bazán. Mes y medio después, el 6 de abril de 1930, presentaba Mola al presidente una Memoria en la que organizaba bajo su dirección las distintas instancias que se dedicaban a la lucha contra el comunismo, incluido el Secretariado español de la Entente Internacional contra la III Internacional, que pasaba a depender de la Presidencia del Consejo de Ministros. «La amplia amnistía que concedió el Gobierno del general Berenguer, al hacerse cargo del Poder, tuvo como consecuencia inmediata la libertad de buen número de individuos de ideas comunistas que la Dictadura tenía recluídos en las cárceles, bien por estar procesados, bien por hallarse detenidos gubernativamente; dicho número se aumentó con el regreso de algunos emigrados, que quizá fueran los más peligrosos propagandistas.» (Mola, Lo que yo supe... [1933], en Obras completas, Santarén, Valladolid 1940, pág. 296).
«El general Mola, Director General de Seguridad del Gobierno Berenguer, creó un organismo especializado en la labor de provocación y persecución contra el Partido Comunista, la llamada 'Sección de Investigación Comunista', ligada con los servicios policíacos anticomunistas de otros países.» (Historia del Partido Comunista de España, París 1960, pág. 52.)
Julián Carlavilla, que en 1929 se ha ido infiltrando discretamente por su cuenta entre los conspiradores revolucionarios y ha informado de esa circunstancia en 1930 al Director General de Seguridad, habría recibido el encargo del general Mola de preparar un informe, destinado a la entente de Ginebra, sobre la situación del comunismo en España, embrión del libro El comunismo en España que escribió en 1931 y apareció con pseudónimo a principios de 1932.
«Por ser policía en ejercicio el autor, hubo de vigilar las actividades conspiradoras de Azaña, allá por el año 1930, cuando, elegido Presidente del Ateneo, empezó a tener alguna personalidad política. Y, debido a ello, podemos ilustrar la conjetura de von Hentig sobre Robespierre en el caso par de Azaña. No sólo hay pista del homosexualismo en el que sería primera figura de la segunda República. Cierto día del otoño de 1930, se produjo un escándalo mayúsculo en cierta dependencia demasiado estrecha del Ateneo. Azaña se propasó con cierto jovenzuelo, muy revolucionario a la sazón. Sufrió un error, pues el joven lo abofeteó y salió escandalizando y llamándole por las claras el calificativo que vulgarmente le correspondía.» (Mauricio Carlavilla del Barrio, Sodomitas, Nos, Madrid 1956, pág. 157.)
1932 Mauricio Karl publica El comunismo en España
Mauricio Karl, El comunismo en España, Madrid 1932 (cubierta de la primera edición)
En febrero de 1932 se publica en Madrid el libro El comunismo en España. 5 años en el partido, su organización y sus misterios, firmado por Mauricio Karl (en «Niza, octubre de 1931», pág. 244). Quien suscribe el «Prólogo» (págs. 5-8), «Luis Fernando Saavedra Núñez. Madrid, enero 1932», dice haber conocido en un hotel de Niza al simpático «Mauricio Karl, alemán y turista profesional...», quien al tener que marcharse con premura a Manchuria para proseguir su labor, le había confiado las cuartillas del libro que había escrito tras servir en España, de la que había salido rendido admirador, para que las publicase si merecían su interés. En una nota, «Del autor al lector» (págs. 9-10), Karl se presenta como extranjero «neutral por necesidad en el pleito político español», enviado por «la entidad internacional a quien sirvo» a España donde ya ha cumplido «laboriosamente la misión secreta que se me había encomendado». En la cubierta tras el nombre del autor figura: «(del Servicio Secreto Internacional)», sin precisar más detalles, aunque quizá el lector avisado podría suponer que Karl estuviera al servicio de la ginebrina Entente internacional contra la Tercera Internacional.
Luis Fernando Saavedra Núñez, quien firma el prólogo que justifica la procedencia del texto, era un discreto abogado, casado con Angelina Mazariegos Lavina (su madre, María de la Presentación Núñez Saavedra, viuda de José Saavedra Lugilde, había fallecido unos meses antes, el 4 de julio de 1930; después de la guerra vendió en 1940, junto con sus hermanos, el Pazo das Camoiras, en San Pedro de Villalvite, que tenían por herencia de su tía Ermitas Núñez Saavedra; en 1957, domiciliado en avenida de José Antonio 47, denuncia un robo en una fábrica de pieles en la travesía de Teodomira 3, por valor de veinte mil pesetas; en 1962 se le concedió la excedencia voluntaria como juez comarcal, puesto al que se reintegró en 1965; y en 1974 cumplió sus bodas de oro en el Colegio de Abogados de Madrid).
«Parece que fue ayer... cuando trazaba las últimas líneas de El comunismo en España, y hace ya cuatro años; era en octubre de 1931. Necesariamente empecé a escribir mucho antes. Puedo señalar la fecha exactamente: abril de 1931. Principié el libro en el mismo mes que se instauró la república en España.» (Mauricio Karl, «Prólogo a la cuarta edición», El comunismo en España, Bergua, Madrid 1935, pág. 5.)
«Escuchen, lectores, al General Mola, como Director de la Policía española: "Afortunadamente, durante los catorce meses que estuve al frente del centro policíaco, el Comunismo no fue más que un espantajo... Es probable que hoy, y más en lo sucesivo, los comunistas sean motivo de preocupación para los Gobiernos; para los anteriores al advenimiento de la República, ni lo fué, ni podía serlo..." {8. E. Mola, Lo que yo supe (I Tomo de sus Memorias) pág. 81.} Esto lo decía el General, hombre inteligente, con un enorme sentido de la responsabilidad, que se lanzaría cinco años después de pensar así, con patriótico heroísmo, a salvar España del Comunismo. Eso pensaba y escribía un hombre muy excepcional, después de catorce meses al frente de la Dirección de Seguridad; y, todo debe decirse, después de haber leído mi libro El Comunismo en España, mucho antes de publicarse, porque ha de saberse que el contenido técnico de mi libro era un copioso Informe, totalmente elaborado por mí, cumpliendo las órdenes del General, destinado a la Entente Internacional contra la III Internacional, radicada en Suiza, con motivo de una reunión extraordinaria, y a la cual asistió como delegado del Gobierno el juez de Madrid señor Alarcón; no yo, destinado a ir, por dos razones: por escasez de fondos en la Dirección y, principalmente, para que no perdiese mi contacto ni unos días con los revolucionarios, pues, aunque había fracasado ya lo de Jaca, los temores aumentaban. El Informe, leído y aprobado por el General Mola, fue enviado a Ginebra.» (Mauricio Carlavilla, Anti-España 1959, Nos, Madrid 1959, pág. 439.)
«Con el título de ‘El comunismo en España’ (cinco años en el partido: su organización y sus misterios) y con la firma de Mauricio Karl, miembro del Servicio Secreto Internacional, acaba de aparecer en las librerías españolas un libro sensacional que, si en todo momento sería interesante para cuantos se preocupan por la suerte de nuestro país, lo es mucho más en la hora presente, en que la ofensiva comunista está produciendo graves daños a la riqueza y a la paz de España. Afirma el autor en las primeras páginas de su libro que no podía pasar inadvertido para la entidad internacional a la que sirve, el hecho político-social español, dejando sin estudiar de cerca los movimientos que le engendran. Y la característica más acusada de esos movimientos reside en la entronización en España del comunismo y de las tendencias extremas afines –como sindicalismo y anarquismo– que obran paralelamente a él y a veces de común acuerdo. Mauricio Karl, obediente al dictado de la oficina secreta extranjera en que actúa, vino a buscar ávidamente la razón de los hechos y a estudiar el desarrollo y las intimidades de la política social de los Gobiernos que permitían su existencia y acción.» («Organización y misterios del comunismo en España»La Época, lunes 15 de febrero de 1932, pág. 6.)
«El comunismo en España, por Mauricio Karl, Madrid, 1931. ¿Quién es Mauricio Karl? Por mi parte, no lo conozco. Claro está que ello no tiene nada de particular. Uno hace vida casi ascética y conoce a poca gente. Pero es el caso que entre mis amigos no he tropezado con ninguno que me procure noticia concreta de tal personaje. Hay quien supone que es un íntimo de Stalin. No falta quien sospecho que se trata del mismísimo Trotsky... En fin, que no se nada. Es decir, sí: sé que Mauricio Karl ha escrito un libro por demás interesante para el lector español, que quiera asomarse a esa zona, no tan tenebrosa como algunos candorosos ciudadanos creen, del comunismo español, cuya historia cabal hallará el lector en las páginas de este libro. El prólogo, de don Luis Fernando Saavedra Núñez, avala el mérito del volumen.» (E. R. de la S., «La feria de los libros», Heraldo de Madrid, jueves 25 de febrero de 1932, pág. 13.)
«El autor de este libro, sin duda interesante, se dice que prestó servicio durante cinco años en España como agente secreto del servicio Internacional. No tenemos elementos de juicio para dudar de tal afirmación. Con éste o con otro cargo, es indudable que conoce bastante bien el ambiente que en su libro refleja, y que las organizaciones, tanto sindicalistas como las comunistas, le son familiares.» (A. H., Mauricio Karl: «El comunismo en España»El Sol, Madrid, sábado 27 de febrero de 1932, página 2.)
La publicación del libro de Mauricio Karl animó a un redactor de La Época a recomendar a sus lectores «los libros que se deben leer» como antídoto al «número extraordinario de obras vulgarizadoras de las doctrinas disolventes», relación que sirve para ambientar el combate ideológico existente en España cuando aún la República no había celebrado su primer aniversario:
«En defensa del orden y de la paz social. Los libros que se deben leer. Causa asombro, al detenerse frente al escaparate de cualquier librería, ver el número extraordinario de obras vulgarizadoras de las doctrinas disolventes, sobre todo de extrema izquierda política, que ofrecen su artera mercancía bajo unas llamativas portadas. Aunque Moscú ayude económicamente a la publicación de tales libros –procedimiento que puede formar parte del plan quinquenal– es indudable que si tanta obra de esa clase se publica, es porque hallan fácil terreno para su difusión en la indiferencia seleccionadora del público. Las portadas atrayentes, los títulos llamativos, los anuncios profusos y otras circunstancias de cuidado aparato escénico, contribuyen a que los libros de ideología bolchevique luzcan con más profusión que otra suerte de lectura sana y útil. A cuantos no participan de las teorías disolventes y aspiran a convencerse de su falsedad y de sus peligros, conviene conocer las lecturas salvadoras, que son poderoso antídoto de las perversas aludidas. He aquí los títulos de algunas de esas obras, que toda persona de orden debe considerar atentamente, ya que en sus páginas escritas por hombres eminentes, encontrará la refutación de doctrinas terribles y la explicación de hechos trascendentales de la actualidad: → El comunismo en España (cinco años en el partido comunista: su organización y sus misterios), por Mauricio Karl (del Servicio Secreto Internacional), Madrid. En todas las librerías.→ Les protocols des Sages de Sion (traducción francesa de Serge Nilis). Editor, Emile-Paul Fréres, París. (Libro en que se desenmascara a la masonería y al judaísmo. La edición más curiosa por sus notas es la séptima; pero ya está a la venta la trigésima. En breve aparecerá la versión castellana.) En buenas librerías. → Les forces secretes de la révolution, por León de Poncins. Editor: Bossard, París. → La masonería al derecho y al revés, por N. Serra y Caussa, Barcelona. → El judío internacional, por Henry Ford, Barcelona. → Al servicio de los Soviets y Memorias de un diplomático soviético, por G. Bessedovsky, Editorial Juventud, Barcelona. → Entre los jefes bolcheviques, por Georgey Salomón, Editorial Razón y Fe, Madrid. → Orígenes da la revolución española, por Juan Tusquets, presbítero. Editorial Vilamala, Barcelona. → ¿Socialismo? ¿Comunismo? ¡La dictadura del proletariado!, por José Ignacio Escobar, Madrid. Principales librerías. → Dios vuelve y los dioses se van, por Víctor Pradera, Madrid. → Ã‚¡Cavernícolas! ¡Cavernícolas!, por Xavier de Azcoitia, Librería Beltrán, Madrid. → Les maladies de la démocratie, por Charles Benoist. Editions Prométhée, París. → Ã‚¡Así es Moscú! (Nueve años en el país de los Soviets), por J. Douillet. Librería Franco Española, Madrid.» (La Época, Madrid, jueves 3 de marzo de 1932, pág. 3.)
Al mes de publicado el libro, Álvaro Alcalá Galiano, en el ABC, tiene ya por seguro que Mauricio Karl es un pseudónimo. Ese mismo diario sospecha, un mes después, que el autor es un periodista, y le recrimina sus críticas a la policía. Censura que también comparte el general Vigón en Acción Española, por el «menguado concepto que tiene Karl de la Policía española». Mientras, José L. Barberán, en Mundo Gráfico, supone que el libro está escrito «por un policía español de alta categoría».
«Poco nos importa quién se oculta tras del seudónimo Mauricio Karl, ni los errores nimios en que pueda incurrir el autor de El comunismo en España en algunas de sus informaciones.» (Álvaro Alcalá Galiano, ¿Hacia el paraíso comunista?ABC, Madrid, 15 de marzo de 1932, página 4.)
«El comunismo en España. Estos días se lee y se comenta mucho un libro que ha tenido la oportunidad de surgir en el escaparate coincidiendo con las agitaciones de los elementos extremistas. El epígrafe parece materialmente vibrar en la actualidad del instante, y acentúa el atractivo de curiosidad al ofrecer el relato, no sólo de la organización, sino también de 'los misterios' del comunismo en España. El autor, Mauricio Karl, se nos presenta en el prólogo como un alemán que ha pasado cinco años en nuestro país actuando de agente secreto del Servicio internacional contra el comunismo. En realidad no sabemos que exista ese organismo de naciones; pero aunque existiera ponemos nuestras dudas en cuanto a la autenticidad de ese agente. Ello más bien parece ardid o disfraz con qUe el autor reserva (y preserva) su verdadera personalidad. Es más verosímil –si juzgamos por la agilidad característica del estilo– que se trate de un escritor, y probablemente de un periodista, que ha tenido la constancia y el acierto de estudiar cercanamente actuaciones y manejos de los núcleos revolucionarios, sin excluir a sindicalistas y anarquistas, pero con preferencia del comunismo. Acaso logró filtrarse; acaso le bastase bordear la vida de esos hombres, observando y obteniendo datos por relaciones indirectas y ocasionales. En definitiva, y ello es lo que importa, las páginas de este volumen contienen informaciones interesantísimas, con detalles que no pueden ser ficticios y con datos documentados. El lector no hallará una revelación de conjunto que le sorprenda, puesto que es de convencimiento público el lazo de los comunistas españoles con Rusia; pero sí podrá confirmarla con pormenores. Sabrá, sobre todo, la organización interna, las conexiones de unos y de otros grupos, el influjo de los más avanzados y sus procedimientos, los planes de acción, los designios y las instrucciones, y algo muy positivo en lo que se refiere a las maneras disimuladas y mañosas con que van extendiendo su red. Se enterará, asimismo, de las pugnas entre grupos y las rivalidades entre caudillos. En el libro de Karl está la clave de muchos sucesos, sin descontar los de estas semanas, que aparecen señalados, como si el autor los tuviera por ocurridos, y eso que escribía en octubre. Hay también alusiones muy categóricas a los asaltos y atracos –lo que ellos llaman expropiaciones aisladas– y a varios atentados que no llegaron a efectuarse. Entre ellos, por cierto, uno en Sevilla, contra D. Alfonso de Borbón y Primo de Rivera, que el autor se jacta de haber frustrado. En este punto la narración es algo sospechosa por el sabor y por la factura. ¿Novela? Bien urdida y presentada, en tal caso. De todas suertes de un agudo interés. No falta la nota crítica, de franca censura, contra la insuficiencia de los medios policíacos. Si Mauricio Karl es, en efecto, alemán, no puede desconocer que en su país se mantiene un presupuesto inmensamente superior al nuestro. Y en cuanto a los recursos de confidencias, se le podría replicar que allí tampoco se desdeñan, con todos sus defectos. La organización y misterios del comunismo en España obtendrá un buen éxito de librería y servirá de elemento de juicio para muchas gentes que, por sistema o por ahorrarse el trabajo de ver y de discurrir, aún dicen que el Comunismo 'es un fantasma'.» (ABC, Madrid, 17 de abril de 1932, página 18.)
«Y es preciso también que los hombres que dicen de sí mismos que son hombres de orden, pasen la vista por las páginas de este libro de Karl y que se les llene del asombro de su propia mezquindad. Estamos hartos de oír hablar del oro ruso y del oro judío; cierto que no se trata de mitos arbitrariamente forjados; que ha entrado y entra en España dinero abundante para financiar la revolución; pero es un refuerzo del que aportan los propios revolucionarios españoles (los auténticos revolucionarios, no los que se cobran con una más o menos espléndida sinecura, sino los que quieren cobrarse con el Estado). [...] Al libro no le falta alguna pincelada novelesca; cuando menos, tengo por tal el relato del abortado atentado de Sevilla. Y a darle ese matiz contribuye no poco la incertidumbre en que el lector queda respecto a la verdadera personalidad de Mauricio Karl. Quede para avisados espíritus policíacos la investigación de ella, y asimismo esos hilos que dejan balanceándose en el aire algunas palabras sibilinas y ciertas reticencias incomprensibles para los no iniciados. No les sería difícil la tarea, porque no participo del menguado concepto que tiene Karl de la Policía española.» (Jorge Vigón, «El comunismo en España, por Mauricio Karl»Acción Española, Madrid, 1 de mayo de 1932, nº 10, págs. 439-441.)
«Hace unos tres meses, en nuestro mercado literario, ha aparecido un libro interesantísimo; un libro que debían tener en su poder y consultarlo diariamente todos los elementos policíacos, desde el director general de Seguridad al más modesto de los funcionarios. Este libro, El comunismo en España. Cinco años en el partido. Su organización y sus misterios, nos ofrece detalladamente toda la organización anarcosindicalista en España desde sus comienzos hasta hoy; sus ramificaciones y, sobre todo, los procedimientos que emplea la fracción conocida por la F. A. I., que es la que está actuando principalmente. Esta obra, que aparece firmada con nombre extranjero, Mauricio Karl, está escrita, sin ningún genero de dudas, por un policía español de alta categoría, que ha debido dedicar sus actividades durante bastante tiempo al servicio y estudio de los problemas de carácter social, aprovechando bien el tiempo empleado en este estudio, porque revela un conocimiento y un dominio completo de estos graves problemas. Después de leer con interés este libro, el reportero no duda que la Policía, en sus actuaciones para hacer fracasar los planes de los anarcosindicalistas, tropezará el día menos pensado con los autores de hechos tan escandalosos como este del asalto a la Sucursal del Banco de Vizcaya, porque no son, repetimos, no pueden ser, nuestros delincuentes vulgares, y sí afiliados a las organizaciones terroristas.» (José L. Barberán, «Después del asalto a la Sucursal del Banco de Vizcaya», Mundo Gráfico, Madrid, miércoles 1 junio 1932, nº 1.074, pág. 15.)
Emilio Mola, en Lo que yo supe... Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad, libro dispuesto para ser publicado en febrero de 1932 (aunque se retrasó su impresión hasta enero de 1933), no alcanza a mencionar el libro de Mauricio Karl (parte de cuyo contenido ya conocía, como ha quedado dicho), pero en la segunda parte de esas memorias, Tempestad, calma, intriga y crisis [en librerías en marzo de 1933] dejó escrito lo siguiente:
«En el libro El Comunismo en España, de Mauricio Karl –seudónimo bajo el que se ocultan los nombres de dos personas que me son muy conocidas–, a propósito de las cantidades que manejan las Sociedades afectas a la C. N. T. se dice, entre otras cosas interesantes, algo sobre lo que conviene reflexionar detenidamente.» (Obras completas, Editorial Santaren, Valladolid 1940, pág. 624, nota.)
El periodista José L. Barberán (†25 abril 1935), el mismo que en junio de 1932 sospechaba que Mauricio Karl fuera pseudónimo de un «policía español de alta categoría», le puso nombre y apellidos en noviembre de 1933: el famoso comisario Santiago Martín Báguena, quien se vio obligado a desmentirlo de forma inmediata y contundente:
«Sobre una información falsa. Don Santiago Martín Báguena, comisario de Policía que fue, nos ruega la publicación de la siguiente carta, dirigida al periódico Ahora, en cuyas columnas se publicaron las afirmaciones que el Sr. Martín Báguena rectifica y que el mencionado diario no ha publicado: "Señor director de Ahora. Presente. Muy señor mío: Su diario de ayer, jueves, fecha 30, páginas 15 a la 18, publica un extenso trabajo, firmado José L. Bárberán, que da la sensación de una interviú celebrada conmigo. Este trabajo, lleno de supuestos gratuitos, me obliga a concretar tres puntos, que entiendo indispensable lleguen a conocimiento de sus lectores. Primero. Yo no he hablado con Barberán desde hace dieciocho meses. Segundo. Yo no soy Mauricio Karl, ni Mauricio Karl es mi seudónimo. Tercero. Cuando usted, el año 1931, con ocasión de una huelga, acudió a mi despacho, recuerde que, aun siendo procedimiento que podía justificarse en defensa, yo deseché algo por su posible apreciación de violencia, estimé improcedente para funcionarios, y mucho más para otras personas que a usted servían. Con estas líneas creo que las trabajosas historias de Barberán quedan enmarcadas en la colección de sus trabajos y demostrado que no es su diario tribuna la más propia para hablar de mis violencias, que, dicho sea de paso, son tan gratuitas, que todos los republicanos, incluyendo en ellos al Sr. Barberán, no han demostrado ni pueden demostrar una sola de ellas. Con la cortesía obligada, se despide, Santiago Martín Báguena. Madrid, viernes, 1 de diciembre de 1933."» (ABC, Madrid, 7 de diciembre de 1933, página 23.)
Mauricio Carlavilla, un cuarto de siglo después, ofrece una explicación sobre esta identificación de Karl con Báguena en el contexto de la sanjurjada, el fracasado golpe de Estado que se intentó desde dentro del ejército al alba del 10 de agosto de 1932, en el que él habría tenido también cierto protagonismo:
«Ha de saber usted, señor Ansaldo, que quien llevó al señor Martín Báguena y otros a la preparación del 10 de agosto fui yo. Personalmente yo, presentado por la condesa de Santa María de Sisla, conferencié con el General Barrena una noche en su casa, Zurbano 21, designándome como enlace a su propio hijo Alfonso. Han muerto ya la mayoría de los personajes, aquella gran señora, la condesa, el patriota General, su bravo hijo, el coronel De Benito y otros, pero con familiares de todos podría reconstruir aquellos hechos, y sobre todo con Digno Fuertes Galindo, actual Comisario General de lo Político Social, y con muchos más que llevé a la conspiración. Habla usted de dinero, de 5.000 pesetas, que costaba aquel servicio de información. Debo aclararle que ni yo, ni Fuertes, ni otro alguno del grupo cobramos nada de ese dinero. El único que percibió algo, asignado a él personalmente por el General Barrera, fue Martín Báguena, y justificadamente, pues a la sazón, enero de 1932, se hallaba cesante, con unas migajas de jubilación, ochenta duros. Lo había dejado cesante Maura, Ministro de la Gobernación, y Carlos Blanco, Director General de Seguridad de la República –éste ya lo había sido con la Monarquía... ¡qué perspicacia!– haciéndolo víctima propiciatoria, con otros, igualmente inocentes, de la quema de los conventos... en ocasión que Báguena no tenía servicio, por haber sido trasladado a Astorga, donde no pudo tomar posesión por haberse amotinado los socialistas indígenas contra él. Reducido a cuatrocientas pesetas de jubilación para él, esposa y cuatro hijos, una hija tuberculosa, se refugió en Segovia, y allí fui yo a proponerle que entrara en la conspiración, trasladándose a Madrid, donde recibiría mil quinientas pesetas mensuales para cubrir su déficit económico. La primera cantidad se la entregué yo mismo en el café de Atocha, estando presente el compañero Fuertes. En los meses sucesivos, las recibió directamente de Alfonso Barrera. Honrado a ultranza toda su vida Báguena, y sin bienes personales, hubo que pensar en la justificación de sus ingresos secretos. Se halló la solución haciendo correr el rumor entre la Policía de que él era autor de mi primer libro, El Comunismo en España, y hasta él vendió directamente a policías amigos unos centenares, recibiendo una comisión del 40 por 100. Y como el libro se vendió mucho, nadie pudo sospechar que Báguena tenía ingresos que debían ocultarse.» (Mauricio Carlavilla, Anti-España 1959, Nos, Madrid 1959, págs. 26-27.)
Por supuesto, nadie asocia al ya famoso Mauricio Karl con el discreto policía Julián Carlavilla, quien, en la prensa, sólo aparece mencionado esporádicamente vinculado a la persecución de ladrones:
«El robo de la Casa Cler, de París. Una noche, en la plaza de la Opera, de París, se cometió un robo escandaloso. [...] La Policía francesa trabaja con éxito y logra detener a uno de los autores en Marsella; pero el 'consorte' gana la frontera y entra en España por Irún con la maleta de joyas que no podían vender a los 'peristas' de Francia. El Servicio Internacional publica en sus periódicos y revistas la reseña de las joyas, alfileres, sortijas, brillantes, y al poco tiempo, en una casa de la calle de Caballero de Gracia, aquí, en Madrid, los agentes del servicio móvil de la Dirección, señores Carlavilla, Más e Iglesias, encuentran casi todas las alhajas robadas en París. Estos agentes continúan sus indagaciones y recuperan, en el Monte de Piedad y en algunas casas de compraventa, el resto de las joyas. No faltó ni una piedra.» (Francisco Horacio, 'La Policía del mundo contra los ladrones internacionales', Estampa, Madrid, 27 agosto 1932, nº 242, pág. 9.)
aunque a principios de 1934 encontramos el nombre del policía implicado en una actuación más de corte político, adscrito a la Brigada Social: la detención del jóven socialista Lorenzo Montero Baeza (de diecisiete años, sobrino del portero de Hermosilla 65), que formaba en un grupo que recorría la calle Lagasca cantando La Internacional, como autor del disparo que hirió al estudiante José María Alós Pombo (salvo el ABC, los otros periódicos dan confundido el primer apellido: Dealos por De Alós), que formaba en otro grupo que les había increpado. José María Alós Pombo pertenecía a JONS (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), recién fusionadas con Falange, y fue condecorado el 29 de octubre de 1934 con el Aspa Roja «por haber sido herido en ocasiones diferentes y honrosas»: su nombre figura entre los fusilados por las autoridades republicanas en Paracuellos en las sacas de noviembre de 1936.
«Un herido. De un grupo de socialistas parte un disparo. Anoche, a primera hora, un grupo de unos cinco o seis muchachos iba por la calle de Lagasca cantando La Internacional. Al llegar a la calle de Hermosilla se encontró con otro grupo de varios jóvenes, que al oír La Internacional increparon a los que la cantaban. De éstos partió entonces un disparo, que fué a herir a José María Dealos Pombo, de diecisiete años y con domicilio en López de Hoyos, 9, que resultó herido de pronóstico reservado en un brazo. Mientras sus amigos le auxiliaban, los del grupo que cantaba La Internacional se dieron a la fuga; pero un guardia civil de la Comandancia del Sur, que pasaba por el lugar del suceso, pudo detener a Enrique Carrasco Mata, de dieciesiete años, habitante en Hermosilla, 12, cuarto, número 6. El autor del disparo pudo huir. El autor del disparo es detenido. De madrugada, los agentes señores Carlavilla y Horacio Iglesias detuvieron al autor del disparo. Fué llevado a la Dirección de Seguridad, en donde confesó llamarse Lorenzo Montero Baeza, de diecisiete años, con domicilio en Hermosilla, 65, portería, donde habita con su tío Félix Montero Salcedo. Declaró que había disparado y luego arrojado la pistola en la calle de Hermosilla.» (La Libertad, Madrid, martes 27 de febrero de 1934, pág. 3.)
«Detención del individuo que disparó contra el Sr. Alós y Pombo. Los agentes de la Brigada social D. Horacio Iglesias y D. Julián Carlavilla detuvieron esta madrugada a Lorenzo Montero Baeza, de diecisiete años, soltero, que vive en el domicilio de su tío, Félix Montero Salceda, Hermosilla, 65, portería. Este individuo, se confesó autor del disparo que causó la herida del estudiante señor Alós y Pombo, en la calle de Goya, esquina a Lagasca. El detenido, después de prestar declaración en la Brigada social, pasó, con el atestado correspondiente, a disposición del juez de guardia.» (ABC, Madrid, martes 27 de febrero de 1934, pág. 18.)
1934 Mauricio Karl publica El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería
Tres ediciones de El comunismo en España se necesitaron para atender a los compradores de ese libro en 1932, que animaron a su autor, sin duda, a preparar una segunda entrega, todavía más de combate político e ideológico: El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, que se publicó a principios de junio de 1934, año decisivo en el devenir de la segunda república española. La prensa, más sectaria que dos años antes, se dio menos prisa en comentar el nuevo libro de Mauricio Karl: sólo el carlista El Siglo Futuro aprovechó para intentar barrer rápidamente para casa. El Sol se limitó esta vez a un acuse de recibo. Un mes después Cambó se querelló contra el autor, y a principios de septiembre el libro fue secuestrado (aunque ya se había vendido casi por completo). En ABC fue de nuevo Álvaro Alcalá Galiano quién con más ímpetu glosó el libro de Karl, dos meses y medio después de su aparición, en plena querella de Francisco Cambó, por calumnia e injuria, contra «el incógnito autor» Mauricio Karl (cuatro días después ABC hace saber que Cambó se ha querellado con Karl... pero se confunde y llama al libro con el título del comentario de Alcalá-Galiano... y quince días después Galinsoga protesta por el anonimato que encubre a ese «personaje misterioso que se oculta bajo el seudónimo de Mauricio Karl»). Incluso, retiradas las frases dedicadas a Cambó, la segunda edición de El enemigo tuvo ciertas dificultades para que fuera autorizada su venta.
«Dos libros. Llegan a nosotros, con diferencia de horas, en un mismo día, dos libros que estarán en muchas manos. No queremos ahora escribir aquí ni una sola linea comentándolos. Pero si decir que uno y otro –Defensa de la hispanidad, por don Ramiro de Maeztu, y El enemigo. Marxismo, Anarquismo, Masonería, por Mauricio Karl–, por diferentes caminos, convergen contra todo lo antiespañol, contra la antipatria aún dominante políticamente. Fuera de lo político, es decir, en lo realmente popular, en el alma y en el corazón de una inmensa mayoría de españoles, la hispanidad crece, y con ella la repulsa al «enemigo», el liberalismo, cápsula en que se encerraron las semillas de la Revolución, de la Internacional, de la Masonería, de toda extranjería en suma. Estos dos libros no son, pues, obras de arriba abajo; queremos decir proyección de lo que piensan unos hombres sobre lo que no piensan los lectores, sino confirmación y esencia de lo que éstos, más o menos oscuramente, van viendo, sintiendo o atisbando. España está ya absolutamente perdida para la revolución, como está perdida Europa y pronto lo estará el mundo. Y estos libros y otros anteriores y los que cada vez con mayor frecuencia irán apareciendo prueban el intenso y profundo movimiento de retorno a la hispanidad, nombre un poco nuevo, que tiene el suyo viejo y más que nunca actual: Tradición. El uno, el de don Ramiro de Maeztu, libro afirmativo; el otro, el de Karl, copioso de razones-hechos para responder que no a cuantos rechazan la afirmación patriótica. Y uno y otro muestra palpable de que España vuelve, de que la ola de fondo tradicionalista cubre al país entero. Y su espuma de hoy son estos libros de exaltación española, de afirmación y prueba tradicionales, de combate contra la revolución liberal, socialista, internacional y masónica.» (El Siglo Futuro. Dios Patria Rey, Madrid, 6 de junio de 1934, pág. 1.)
«Libros recibidos. Mauricio Karl: El enemigo, Marxismo. Anarquismo. Masonería. Librería San Martín. Madrid. Precio, 6 pesetas.» (El Sol, Madrid, sábado 16 de junio de 1934, pág. 7.)
«En un libro reciente –interesantísimo y terrible, que hay que leer–, El enemigo, de Mauricio Karl, seudónimo de un escritor español enterado de muchas cosas, se dice que el ministro de la Gobernación, señor Salazar Alonso, ha sido 'irradiado' de la masonería. Nos interesó la afirmación y aunque el asunto era delicado y difícil de esclarecer, hemos tenido la fortuna de conocer con precisión lo sucedido, y vamos a informar a nuestros lectores.» («Para la historia secreta. La masonería y el señor Salazar Alonso», La Cruz, diario católico, Tarragona, 23 junio 1934, pág. 2.)
«A propósito de un libro de Mauricio Karl. Una querella del señor Cambó. A cuenta de la publicación de un reciente e interesantísimo libro de Mauricio Karl titulado El enemigo: Marxismo, Anarquismo, Masonería, del que ya publicaremos una extensa bibliografía, como la obra merece, y con motivo de ciertas afirmaciones que en ella se hacen sobre la significación del señor Cambó al frente de la Lliga, se ha citada al autor a juicio de conciliación previo a la querella que el famoso político catalán piensa presentar contra el referido publicista. Del fundamento que las afirmaciones de este señor tengan, los lectores de su obra, pueden juzgar siguiendo con el interés a que invitan estas atractivas páginas, los razonamientos que llevan al señor Karl a hacer las afirmaciones motivo de la querella.» (El Siglo Futuro. Dios Patria Rey, Madrid, jueves 5 de julio de 1934, pág. 2.)
«El Sr. Cambó cita a juicio de conciliación al autor del libro "El Enemigo: Marxismo, anarquismo, masonería". El escritor Mauricio Karl, autor del libro El enemigo: Marxismo, anarquismo, masonería, ha sido citado a juicio de conciliación por el jefe de la Lliga catalana y diputado a Cortes, D. Francisco Cambó, por lo que dice Mauricio Karl en su libro [del] político catalán.» (ABC, Madrid, jueves 5 de julio de 1934, pág. 27.)
«El enemigo. Marxismo. Anarquismo. Masonería, por Mauricio Karl. Madrid, 1934. Un tomo en rústica de 272 páginas, seis pesetas. Las primeras treinta páginas de esta obra no hacen pensar en el mérito e interés de lo que sigue. Porque éste es de los libros verdaderamente atractivos y originales. Una de las mayores originalidades es el ensayo, que hace en una de sus partes, de una interpretación masónica de la Historia de España, en la que explica muchos hechos de Felipe V acá por la influencia de la masonería, cuyo origen inglés se acusa en la pérdida de Gibraltar seguida de la aparición oficial de la secta entre nosotros. Lástima que este erudito ensayo histórico sea interrumpido, aunque con la promesa por parte del autor de reanudarlo más adelante, si bien la interrupción se compensa sobradamente por la interpretación masónica, que aventura razonadamente de la muerte del general Primo de Rivera, y el encumbramiento de Casares, a pesar de la negligencia con que no evitó el estallido de Jaca. Podía tal vez el autor ver si no había algo misterioso también en el fallecimiento de Don Jaime de Borbón, Caudillo de la Comunión Tradicionalista... Con valentía poco frecuente al atacar a la Masonería, no vacila en señalar la táctica de la secta en injertarse en las entidades que le conviene manejar a su antojo (Sociedad de las Naciones, Acción Católica italiana), y su perverso ideal no realizado ni realizable, pero por el que viene luchando de antiguo, apoyada en las regalías, de infiltrarse en el Colegio Cardenalicio y llegar a tener un Papa sumiso a sus maquinaciones, aunque desconocedor de ellas. Este ideal horroriza al autor, que no vela sus sentimientos religiosos y cristianos en diversos pasajes, razón por la que nos extraña llame grande a Lerroux, buen hombre a Canalejas, y herejes a los templarios. Son errores históricos, pues bien se escandaliza de ciertos aplausos de diputados antimasónicos al Gran Maestre Martínez Barrio. En una última parte, juzgando la situación actual del mundo, establece parangones muy ilustrados entre la revolución francesa y la rusa y entre Trotsky y Stalin, y hace erizarse de espanto el cabello a los gobernantes y lectores alegres y confiados que no avizoran el peligro de una próxima revolución socialista en España, manejada por la masonería. Bien razona su predicción: pero por encima de todo está Dios, y dígnese Él salvar a este desventurado pueblo.» (El Siglo Futuro. Dios Patria Rey, Madrid, sábado 7 de julio de 1934, pág. 4.)
«La lectura de un libro reciente, sensacional, lleno de inauditas revelaciones, parece, confirmar de nuevo lo indefensa que está hoy día nuestra Patria ante la coalición de sus adversarios, visibles u ocultos. Más de una vez he señalado en estas mismas columnas los manejos de la Internacional revolucionaria contra España. Por eso celebro haber coincidido antes en muchos puntos de vista con el autor de El enemigo, Mauricio Karl. ¿Quién es Mauricio Karl? ¡Misterio! En torno a este seudónimo corren los rumores más fantásticos. Yo comprendo que el aludido no tenga demasiadas ganas de rasgar el velo de la discreción, pues ha descubierto secretos políticos y ha señalado a personas y Asociaciones que prefieren maniobrar en la sombra. ¡Cuidado, Mauricio Karl, porque por muy hábil que sea usted, «el enemigo» tiene, como usted mismo dice en su obra, agentes, espías y ejecutores para sus venganzas! Y no sería extraño que tratara de «perjudicarle», según la conocida receta americana, antes de que publique usted su anunciada obra sobre la organización en nuestro país.» (Álvaro Alcalá-Galiano, «Los enemigos de la Patria»ABC, Madrid, 17 de agosto de 1934, págs. 15-16.)
«El Sr. Cambó se querella por injuria y calumnia contra el autor de un libro. Nos consta que el ex ministro y actual diputado a Cortes por Barcelona D. Francisco Cambó tiene iniciada un acción judicial por calumnia e injuria contra el incógnito autor del libro Los enemigos de la Patria, firmado con el seudónimo de Mauricio Karl.» (ABC, Madrid, 21 agosto 1934, pág. 26.)
«El Sr. Cambó se querella. Madrid, 21. Dice hoy ABC: Nos consta que el ex ministro y actual diputado a Cortes por Barcelona don Francisco Cambó tiene iniciada un acción judicial por calumnia e injuria contra el incógnito autor del libro Los enemigos de la Patria, firmado con el seudónimo de Mauricio Karl.» (La Cruz, diario católico, Tarragona, 22 agosto 1934, pág. 6.)
«Hemos de oponer un serio reparo, no sólo a El enemigo, sino también al libro que le precedió, El comunismo en España, y que apareció firmado igualmente por este personaje misterioso que se oculta bajo el seudónimo de «Mauricio Karl». Hay en estas obras un aire y un sentido polémicos que exigen la plenitud de claridad en su autor, so pena de perder fuerza y hasta de caer en libelismo todo el arranque combativo con que se arman para una cruzada nacional las tesis honradas que inspiran sus páginas. Y no hay esa plenitud en cuanto el autor se eclipsa y se abroquela tras las fáciles comodidades de un seudónimo. En El enemigo, además, se formulan algunas graves hipótesis, que llegan a ser afirmaciones y denuncias en algunos casos, las cuales o son recursos efectistas tangentes con el juicio temerario o, si son una concreta acusación, necesitan llevar el refrendo de una paternidad inequívoca y de una estricta responsabilidad.» (Luis de Galinsoga, «El enemigo», de Mauricio KarlABC, Madrid, 5 de septiembre de 1934, pág. 10.)
«Un atropello intolerable. Ha sido recogido el libro El enemigo de Mauricio Karl, por supuestas injurias al señor Cambó. Y retiradas las supuestas ofensas no se autoriza la venta de una segunda edición. Una carta del autor. "Señor director de LA ÉPOCA. Muy señor mío: La semana pasada fué secuestrado por orden judicial mi libro El Enemigo; Marxismo, Anarquismo, Masonería, alegando supuestas injurias al señor Cambó, con tan mala fortuna, que, agotada la edición, sólo quedaban cuatro ejemplares. Es indiscutible que una supuesta injuria sea motivo de secuestro sin ser requerido el autor para declarar siquiera. Ya se discutirá donde proceda. Pero lo que no estoy dispuesto a tolerar sin la más encendida protesta, es que no se autorice la venta de una segunda edición de El Enemigo, donde se ha eliminado toda referencia al querellante señor Cambó; es decir, el motivo de la supuesta ofensa. Desaparecida la causa de la querella, debe desaparecer el efecto. A El Socialista se le permite todos los días tirar una nueva edición eliminando los artículos denunciados, y podríamos citar mil ejemplos más. Denuncio a la opinión española este ataque, sin precedentes, a la libertad de un escritor. Espero, por estimarlo de justicia, se rectifique en breve. Si trámites dilatorios lo impidieran, tendría derecho a pensar que el poder de la Masonería era tanto que, sobre los códigos podría amordazar a este escritor nacional en esta hora trágica de España. Pero eso no lo conseguirá el enemigo..., ni matándome. Por patriotismo, por los fueros de la libertad del escritor y por ser de justicia, le ruego, señor director, acoja estas líneas en el periódico de su digna dirección. Reciba por ello las gracias anticipadas de su afectísimo y agradecido, s. q. e. s. m., Mauricio Karl."» (La Época, Madrid, miércoles 19 de septiembre de 1934, pág. 3.)
«Cartas. Señor Dr. de EL SIGLO FUTURO. Muy señor mío: La semana pasada fué secuestrado por orden judicial mi libro El Enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, alegando supuestas injurias al señor Cambó, con tan mala fortuna, que, agotada la edición, sólo quedaban cuatro ejemplares. Es indiscutible que una supuesta injuria sea motivo de secuestro sin ser requerido el autor para declarar siquiera. Ya se discutirá donde proceda. Pero lo que no estoy dispuesto a tolerar sin la más encendida protesta, es que no se autorice la venta de una segunda edición de El enemigo, donde se ha eliminado toda referencia al querellante señor Cambó; es decir, el motivo de la supuesta ofensa. En ella no aparece 'la causa' de la querella, luego debe desaparecer 'el efecto'. A El Socialista se le permite todos los días tirar una nueva edición eliminando los artículos denunciados, y podríamos citar mil ejemplos más. Denuncio a la opinión española este ataque, sin precedentes, a la libertad de un escritor. Espero, por estimarlo una injusticia, se rectifique en breve. Si trámites dilatorios lo impidieran, tendría derecho a pensar que el poder de la masonería es tanto que podía amordazar a este modesto escritor español, impidiendo que su alarido de patriotismo herido llegue a la conciencia nacional en esta hora trágica de España. Pero eso no lo conseguirá el enemigo... ni matándome. Por patriotismo, por los fueros de la libertad del escritor, y por ser de justicia, le ruego, señor director, acoja estas líneas en el periódico de su digna dirección. Reciba por ello las gracias anticipadas de su affmo. y agradecido servidor q. e. s. m., Mauricio Karl.» (El Siglo Futuro. Dios Patria Rey, Madrid, jueves 20 septiembre 1934, pág. 5.)
«Karl, aunque no lo conozcamos, es un hombre inteligente y suponemos que un caballero honrado. Seguramente, comprenderá la gravedad de sus palabras, máxime acusando también como acusa de masones a los Quintanillas, Seguí, Ascaso, Quemades y Evelino. Esperamos las pruebas. Y yo me permitiría rogarle a Karl, cuyo libro El Enemigo, tanto he ayudado a propagar y a difundir con las citas que de él he hecho, nos diera pronto esas pruebas, con tal evidencia que no dejaran lugar a dudas. Los anarquistas no tienen ídolos ni jefes, y por eso no le temen a la verdad.» (Joaquín Julio Fernández, «Palabras de un libertario», La Unión, Sevilla, 7 diciembre 1934, en Documento 58, tomo 13 de Biblioteca Las Sectas, Barcelona 1935.)
[ e n     p r o c e s o ]
«En otra ocasión se presentó un falangista que me dijo que se llamaba Mauricio Karl{12}, que posteriormente me enteré de que había sido inspector de policía de la Dirección General de Seguridad de Madrid, y me manifestó que le habían encargado gestionar mi canje con José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, que se encontraba preso en la Prisión Provincial de Alicante. Este individuo, que me visitó con frecuencia durante algún tiempo, se deleitaba manifestándome con verdadero sadismo que mi vida dependía de la de Primo de Rivera, lo que, teniendo en cuenta la situación en que decía encontrarse el jefe del fascismo español, era tanto como decirme que mis días estaban contados. Escribí una carta a mi padre informándole de cuál era mi situación, más que nada para que tuviera noticias mías, ya que como se suponía, y así pude comprobarlo posteriormente, tanto él como el resto de la familia me daban por fusilado, hasta el extremo de que mis hermanas se vistieron de luto; pero escribí la carta convencido de que nunca aprobaría mi padre canje tan desacabellado, como así se lo hice saber a Mauricio Karl{13}. Aún hoy ignoro si dicha carta llegó a su destinatario, ya que nunca tuve la fortuna de volver a ver a mi padre.» «{12} Mauricio Karl, que en realidad se llamaba Mauricio Carlavilla, había sido inspector de policía. Según el testimonio del entonces comunista José Bullejos, formó parte de las fuerzas de orden público contra las huelgas y mítines del PC durante la dictadura de Primo de Rivera. José Bullejos habla de él en su libro La Comintern en España. Recuerdos de mi vida, México 1972, p. 39. {13} La carta está publicada en el libro de Bernardo Gil Murgarza, España en llamas, 1936, Padua, Barcelona 1968, p. 232.« (testimonio de Francisco Largo Calvo [hijo de Francisco Largo Caballero], en Ascensión Hernández de León-Portilla, España desde México. Vida y testimonio de transterrados [1978], Algaba, Madrid 2004, págs. 231.)
Mauricio Carlavilla del Barrio, ya jubilado
«† Don Julián Mauricio Carlavilla del Barrio (Mauricio Karl), Ex comisario de Policía y escritor, falleció en Madrid el día 24 de junio de 1982, a los ochenta y seis años de edad. D. E. P. Su esposa, Yolanda-Hortensia Nicieza González; hermanos, Angel, Julio y Jesús; hermanos políticos, sobrinos, primos y demás familia, ruegan una oración por su alma. Y comunican que el entierro tendrá lugar hoy, viernes 25, desde la casa mortuoria, calle Drácena 38, al cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, a las once de la mañana. El funeral se celebrará el próximo lunes, día 28, a las ocho de la tarde, en la parroquia de Santa María Magdalena (calle Drácena 23).» (ABC, Madrid, 25 de junio de 1982, pág. 98.)
«Mauricio Karl, escritor anticomunista. Julián Mauricio Carlavilla, autor de varios libros contra la república, el comunismo, y los masones, publicados fundamentalmente entre los años 1931 y 1937, con el seudónimo de Mauricio Karl, por el que era conocido, falleció el pasado jueves en Madrid a los 86 años de edad. Julián Mauricio Carlavilla fue comisario de policía y estuvo encargado en varias ocasiones de la orden de busca y captura de sí mismo. Sus restos mortales fueron enterrados ayer por la mañana en presencia de familiares y amigos.» (El País, Madrid, 26 de junio de 1982.)
«† Primer aniversario de Don Julián-Mauricio Carlavilla del Barrio (Mauricio Karl), Comisario principal de Policía jubilado y escritor, falleció en Madrid el día 24 de junio de 1982, a los ochenta y seis años de edad. D. E. P. Su esposa, hermanos y demás familia, ruegan una oración por su alma. El funeral de aniversario se celebrará el día 24 de los corrientes, a las once y media horas, en la parroquia de Santa María Magdalena (calle Drácena 23, final bus 52).» (ABC, Madrid, 23 de junio de 1983, pág. 98.)
«† Segundo aniversario de D. Julián-Mauricio Carlavilla del Barrio (Mauricio Karl), Comisario principal de Policía. Jubilado y escritor, falleció en Madrid el día 24 de junio de 1982, a los ochenta y seis años de edad. D. E. P. Su esposa, hermanos y demás familia, ruegan una oración por su alma. El funeral de aniversario se celebrará hoy, día 24, a las ocho de la tarde, en la parroquia de Santa María Magdalena (calle Drácena, número 23, final bus 52).» (ABC, Madrid, 24 de junio de 1984, pág. 101.)
«† Tercer aniversario de D. Julián Mauricio Carlavilla del Barrio (Mauricio Karl), Comisario principal de Policía. Jubilado y escritor, falleció en Madrid el día 24 de junio de 1982, a los ochenta y seis años de edad. D. E. P. Su esposa, hermanos, sobrinos y demás familia, ruegan una oración por su alma. El funeral de aniversario se celebrará mañana, día 24, a las siete de la tarde, en la parroquia de Santa María Magdalena (calle Drácena, 23), final bus 52. En Oviedo (Asturias) iglesia San Isidoro, a las ocho de la tarde.» (ABC, Madrid, 23 de junio de 1985, pág. 108.)
Bibliografía cronológica de Mauricio Karl / Mauricio Carlavilla
1932 Mauricio Karl (del Servicio Secreto Internacional), El comunismo en España. 5 años en el Partido, su organización y sus misterios, Imp. Sáez Hermanos, Madrid 1932, 251 págs. Colofón: «Esta obra se terminó de imprimir en el establecimiento tipográfico de Sáez Hermanos, calle de Martín de los Heros, 61, Madrid, el día 12 de febrero de 1932.» Segunda edición, Imp. Sáez Hermanos, Madrid 1932, 250 págs. Tercera edición, Imp. Sáez Hermanos, Madrid 1932, 250 págs.
1934 Mauricio Karl, El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, Imprenta de Sáez Hermanos, Madrid 1934, 271 págs. 2ª ed.: Imprenta de Sáez Hermanos, Madrid 1934, 279 págs.
1935 Mauricio Karl, Asesinos de España: marxismo, anarquismo, masonería. Continuación de 'El enemigo', Ediciones Bergua, Madrid 1935, 403 págs.
Mauricio Karl, El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, cuarta edición, Ediciones Bergua, Madrid 1935, 286 págs.
Mauricio Karl, El comunismo en España, 1931-1935, cuarta edición, Ediciones Bergua, Madrid 1935, 343 págs. + tarjeta: «Advertencia. En el último libro de Mauricio Karl, Asesinos de España, recientemente aparecido, se dice, por error, que la última edición de El Comunismo en España es la quinta, siendo así que es la cuarta, que, en efecto, está muy modificada y ampliada.» Colofón: «Esta cuarta edición se terminó de imprimir en el establecimiento tipográfico de Sáez Hermanos, calle de Martín de los Heros, 65, Madrid, el día 6 de octubre de 1935.»
1937 Mauricio Karl, Técnica del Komintern en España, Tip. “Gráfica Corporativa”, Badajoz 1937, 237 páginas (En el lomo: 1938. Contraportada: 5 pesetas.)
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Sobre Mauricio Karl / Mauricio Carlavilla en el Proyecto Filosofía en español
A. H., Mauricio Karl: «El comunismo en España»El Sol 27 febrero
Álvaro Alcalá Galiano, «¿Hacia el paraíso comunista?»ABC 15 marzo
Jorge Vigón, «El comunismo en España, por Mauricio Karl»Acción Española 1 mayo
1934 Álvaro Alcalá-Galiano, «Los enemigos de la Patria»ABC 17 agosto
Luis de Galinsoga, «El enemigo», de Mauricio KarlABC 5 sept
2004 Eduardo Connolly de Pernas, Mauricio Carlavilla: el encanto de la conspiraciónHibris nº 23

FUENTE:

http://www.filosofia.org/ave/001/a369.htm